Profesor Titular
Facultad de Economía - Universidad de Los Andes

Hermes Tovar
A través de la reconstrucción de información en fuentes históricas, Hermes Tovar ha buscado a lo largo de su carrera comprender el Estado, la economía colonial en Colombia y América Latina, así como la relación de ésta con el resto del mundo.
Esta página recopila el trabajo del profesor Hermes Tovar Pinzón.
Visite el blog de opinión
Contacto: hermes@hermestovar.net
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NOVEDADES
La historia no es un recurso retórico ni una ecuación, sino una raíz que distribuye la savia de la experiencia y del dolor por todas las ramas del poder público y por los sueños de una sociedad que parece caminar a ciegas buscando las rutas de un futuro incierto. El escepticismo y el temor a la historia obligan a suponer que marchamos bien y que crecemos mejor de lo que suponemos, pero cuando una sociedad tiene uno de los niveles más altos de inequidad y el 45 o 60% de sus ciudadanos se levanta cada día a luchar por un pan, constituye una vergüenza moral para quienes planifican y sustentan las bondades del sistema. La democracia no es sólo el derecho a un voto, sino a la dignidad y, sobre todo, la posibilidad de acceder a niveles de consumo mínimos y de participar del bienestar que con tanta propaganda y optimismo vende la globalización.
Los que piensan en crecimiento y desarrollo tendrán que enterarse de que en Colombia el 86,4% de su población naufraga en todas las estaciones del hambre, y que en esta estructura social el crimen y la corrupción son opciones para la supervivencia. Ni la paz ni la honradez que reclaman los que miran con espíritu constreñido el cuadro colombiano, serán posibles mientras estos escenarios de inequidad nos desborden. ¿O nuestros gobiernos seguirán aspirando a balancearse en lo irreal para caer de pronto en una de las etapas del desarrollo de Rostow?
La historia no es un recurso retórico ni una ecuación, sino una raíz que distribuye la savia de la experiencia y del dolor por todas las ramas del poder público y por los sueños de una sociedad que parece caminar a ciegas buscando las rutas de un futuro incierto. El escepticismo y el temor a la historia obligan a suponer que marchamos bien y que crecemos mejor de lo que suponemos, pero cuando una sociedad tiene uno de los niveles más altos de inequidad y el 45 o 60% de sus ciudadanos se levanta cada día a luchar por un pan, constituye una vergüenza moral para quienes planifican y sustentan las bondades del sistema. La democracia no es sólo el derecho a un voto, sino a la dignidad y, sobre todo, la posibilidad de acceder a niveles de consumo mínimos y de participar del bienestar que con tanta propaganda y optimismo vende la globalización.
Los que piensan en crecimiento y desarrollo tendrán que enterarse de que en Colombia el 86,4% de su población naufraga en todas las estaciones del hambre, y que en esta estructura social el crimen y la corrupción son opciones para la supervivencia. Ni la paz ni la honradez que reclaman los que miran con espíritu constreñido el cuadro colombiano, serán posibles mientras estos escenarios de inequidad nos desborden. ¿O nuestros gobiernos seguirán aspirando a balancearse en lo irreal para caer de pronto en una de las etapas del desarrollo de Rostow?
